Encrucijada de Civilizaciones
¿Quienes son los turcos?
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Los turcos son conocidos como pueblo desde hace 4.000 años, y sus raíces ancestrales se remontan a las tribus túrquicas originarias de las vastas estepas del Asia Central, que abandonaron en oleadas sucesivas empujados por la sequía. Entre el año 1766 a. de. J.C y el 990 d. de J.C., los turcos establecieron nueve grandes imperios que abarcaban extensas regiones de Europa, Asia y Norte de África. En el año 1000 d. de. J.C. la mayoría de los turcos había abrazado el Islam. La lengua turca  es un idioma sistemático y lógico. Se habla el turco y dialectos afines en las repúblicas de Asia Central y norte de China. El idioma turco pertenece al grupo de lenguas uraloaltaicas, junto con el húngaro y el finés. La simplicidad y lógica del turco inspiró la creación del Esperanto, ideada como lengua universal. El Gran  Imperio Selyúcida (990-1157 d. de J.C.) conquistó Persia y la capital abasida, Bagdad, y en 1071 derrotó a los ejércitos bizantinos en Malazgirt. El Imperio Bizantino nunca pudo recuperarse completamente de esta derrota, que allanó el camino a una larga historia de asentamientos turcos en Anatolia. Los selyúcidas nos han donado un rico legado cultural. Omar Khayyám, poeta de renombre internacional por su Rúbaiyát, fue un súbdito de los selyúcidas de Persia, mientras que Mevlana Jelaleddin Rumi, poeta y filosofo místico y fundador de la Orden de los Derviches Giróvagos, floreció en Konya, capital del Imperio selyúcida de Anatolia. Los selyúcidas de Anatolia sobrevivieron a los selyúcidas de Persia y continuaron su empuje hasta 1308, legándonos obras maestras en el campo de la arquitectura y la estética.

 
Pero la más impresionante gesta de los turcos fue indiscutiblemente la creación y expansión del Imperio Otomano. Este imperio inició su andadura en el siglo XIII como un pequeño principado turco próximo a Bursa, en la frontera noroccidental del Imperio selyucida de Anatolia. Osman Bey, con cuyo nombre se bautizó al imperio, se aupó a la cabeza del principado en el año 1281 y fundó una dinastía que dirigiría los destinos del imperio a lo largo de seis siglos, convirtiéndose así en la dinastía imperial reinante más larga de la historia. El estado otomano creció rápidamente a expensas de los imperios selyúcida de Anatolia y bizantino. Hacia el año 1362, los ejércitos otomanos habían iniciado la conquista de los Balcanes y, tras el paréntesis que supuso el enfrentamiento con Tamerlán, en 1421 habían conquistado Hungría y la mayor parte del sudeste de Europa, además de Anatolia.

En 1453, Mehmet el Conquistador (1451-1481)dio paso a una nueva era histórica con la conquista de Constantinopla, que rebautizó con el nombre de Estambul y proclamó capital de su imperio en creciente expansión. El reino del Sultán Selim I (1512-1520) fue el preludio de la edad de oro otomana. Militar férreo y estadista astuto, Selim extendió las fronteras de su imperio a Siria, Palestina, Arabia y Egipto, y reivindicó el título de “Califa del Islam” a sus antiguos poseedores en el Cairo.  El hijo de Selim, Süleyman el Magnífico (1520-1566), continuó la expansión del imperio. Conocido por sus súbditos como el "Legislador", Süleyman codificó las leyes del imperio, fue mecenas de grandes artistas otomanos, y reconstruyó la Ciudad Santa de Jerusalén. Durante su reinado se construyeron cientos de espléndidas mezquitas, puentes, acueductos, escuelas y obras públicas en general, la mayor parte ellas obra de su insigne arquitecto, Sinan. Los ejércitos de Süleyman tomaron Rodas, Belgrado y Budapest, mientras que su almirante, Barbaros  Hayreddin, añadía Libia, Argelia y Túnez al Imperio Otomano.
 
El Sultán fue un importante protagonista en el panorama militar y diplomático de la Europa renacentista, formando alianzas con Francisco I de Francia y Enrique VIII de Inglaterra, que  impidieron al emperador Carlos V dominar toda Europa. Tras Süleyman, el Imperio Otomano mantuvo su posición como uno de los grandes imperios de la Europa del Renacimiento. En su época de mayor apogeo, en el siglo XVII, controlaba Asia Menor, la Península de Crimea, el Cáucaso, Mesopotamia,  Oriente Medio, el Norte de África y los Balcanes. El Mar Negro, el Mar Rojo y medio Mediterráneo eran lagos interiores del Imperio Otomano. Pero la introducción de cambios en la estructura del sultanato debilitó la monarquía, y el control del imperio se confió con demasiada frecuencia al "primer ministro" del sultán, el Gran Visir. Los siglos XVIII y XIX fueron testigos de un imperio embestido militarmente por una Rusia en creciente expansión, minado por el levantamiento de sus súbditos cristianos en los Balcanes, y dominado económicamente por las potencias europeas que se habían hecho cargo de la recaudación de aranceles para pagar la deuda exterior contraída por el Imperio Otomano. Varios sultanes habían comprendido que el declive político y cultural del imperio exigía la introducción de reformas para sobrevivir. El siglo XIX fue testigo de las mayores innovaciones en el gobierno, el ejército, la educación y en la sociedad en general. Pero no fue suficiente. Los otomanos entraron en la Primera Guerra Mundial junto a Alemania y Austria. Cuando la guerra concluyó, las fuerzas de ocupación griegas, británicas, francesas e italianas estaban en tierra turca.
 
El gobierno del Sultán firmó el Tratado de Sevres de 1920, cuya aplicación hubiera supuesto la desmembración no solamente del Imperio sino también de Turquía, pero encontró la oposición de Mustafa Kemal. Mustafa Kemal se erigió en portador de la bandera de la resistencia y, tras una lucha encarnizada, hizo posible que en 1922 los turcos fueran de nuevo dueños de su tierra. Con el Tratado de Lausana de 1923 se reconoce este hecho, y el mismo año se proclama la República de Turquía. Mustafa Kemal fue distinguido con el sobrenombre de Atatürk, y permaneció al frente de la Presidencia de la República hasta su muerte en 1938. 

  El Imperio Otomano fue conocido por su tolerancia con la pluralidad cultural, religiosa y étnica,  muestra de lo cual fue la acogida que dio a los judíos que huyeron de la persecución inquisitorial del siglo XV. La República Turca recogió el testigo de esta tradición, acogiendo, entre otros, a los judíos europeos que escaparon de la opresión nazi. El uso actual del término "turco" se refiere a los ciudadanos de la Republica, de quienes Mustafa Kemal Atatürk dijo "Dichoso aquel que pueda llamarse turco a sí mismo".